lunes, 25 de marzo de 2013

Las bailarinas de la selva boliviana


El cielo estallaba en un gran fulgor blanco que en segundos nos dejaba el delicioso resplandor de la desolación, de estar indefensos. La tormenta quería dejarnos sordos, quería que a lo lejos no se escuchara nuestro grito de ayuda.  Estábamos aislados y el agua amenazaba con ahogar mis pulmones, la selva boliviana abrió sus fauces, nos tragó.
El verde se volvió ruidoso y caí rendida ante una bailarina que graciosa me mostraba el musgo por entremedio de sus piernas, la seguí entre la selva que intentaba ocultarlas recelosa, corrían veloces y sus risas nerviosas rebotaban en un tétrico eco, corrí desesperada y de pronto todas se habían detenido, el viento rugía enfurecido y chocaba frío y caliente sobre mi, en unos segundos sus entrañas se iluminaban y podía verlas de nuevo quietas, enraizadas al húmedo suelo.
Una mariposa carnívora camino lentamente sobre mi hombro, las bailarinas intentaban zafarse, yo tampoco podía moverme, los grandes ojos negros de la mariposa se derretían, de a poco su tinta resbalaba por mi brazo, el rojo y el azul se volvían morado, el verde y el amarillo me dejaron con la piel café, las bailarinas chillaban, la tierra no las dejaba correr, su carne se abrió en un orificio vertical por el cual la sangre y la sabía se mezclaban, los bichitos llegaron a refugiarse de la tormenta, en ellas construían su casa.
El miedo ahogaba mis oídos y me abrace a una de sus patas, la lluvia cesó y el musgo había cubierto mi piel, en mi interior rebosaba la sabía, una libélula se batió en mis pestañas y entró por la cuenca vacía de mis ojos, quedó de cabeza colgando del revoltijo rosa mirando hacia fuera, en mi boca dos mosquitos envueltos descansaban sobre una telaraña.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Ivonne Garay Goyarrola de Villalba


Me senté a su lado y la nieve sobre sus ojos le impidió verme, sus empolvados oídos tampoco advirtieron mi presencia y creí que el fantasma era yo.
Ivonne me miró con evaporados ojos azules, vio más allá de mi. Vio una española manejando el único auto que había en la Isla Margarita, vio el atardecer en la playa Juan Griego o "los griegos" como la llamaba ella donde conoció al gobernador y vio a su gran amor tan cerca que pestañeo y su universo volvió junto al mío. Yo sudaba, pero en su cuerpo no había humedad. Abrí las ventanas para saborear el intenso verde de el Ávila que se abalanzaba sobre nosotras y el ajetreo de Caracas inundó la habitación. Ivonne ahogada de luz esta vez parecía un ángel, dirigió su mirada a una escultura y a otra, eran todas la misma en distintos materiales, a mi mamá le dijo que eran Don Quijote y Dulcinea dándose un baño, a mi me dijo que estaban haciendo el amor. Puse un disco viejo para callar mis pensamientos y observé bailar los cuadros que adornaban su pared, apenas había espacio entre ellos, todos fueron pintados por su hermano menor, excepto mi favorito, un dibujo de Ivonne sentada en un café de Roma en los años ’40, era hermosa con las perlas que colgaban de su cuello y lucía ojos de femme fatale.
En sus muchos baúles reposaban postales de todo el mundo, cartas de amor y fotografías de jóvenes adinerados sobre un yate, con hombres sonrientes, mostrando orgullosos músculos a las recatadas damiselas que con una mano cubrían una coqueta carcajada.
En la decoración de la casa se notaba la ausencia de hijos y el anhelo de un marido que partió demasiado joven. Cuando no pudo más con sus recuerdos enloqueció para olvidar, en ataques de furia rompía sus esculturas e insultaba a las enfermeras.
La segunda vez que la visite le conté que viajaría a su amada Isla margarita, me pidió que fuera  a la Iglesia y le rezara tres aves maría.
Cada día que me veía debía presentarme de nuevo, tomaba fuerte mis manos y yo sentía como si quisiera robar un poco  de mi vida. Intentaba calentar sus huesudas manos entre las mías, en las tardes me sentaba en uno de sus sitiales Luis XIV frente a ella. Yo la admiraba, sus viajes, su arte, sus amores y los muchos idiomas en los que sabía brindar. Ella olvidaba mi rostro al caer el Sol hasta que ya no notó mi presencia y me acostumbre a observarla por el espejo de su puerta, desde su cama no me podía ver. Sus alaridos atormentaban mis noches cada vez con más frecuencia, el sudor se volvía frío en mi espalda cuando decía que no quería morir por que había sido mala, debí haberle dicho que el infierno somos nosotros.
El último día quedo en el mutismo perplejo de quien espera.
Los espectros que nos rodeaban no emitían sonido alguno, esperaban pacientes el último bufido, esa nube de polvo que saldría de su pecho.
Ella nos ignoraba, sumida en un limbo inconsciente, un tormento horrible, huracán de imágenes suspendidas en el ovalo inerte que ya no recibía suficiente luz para sacarla de su oscuridad.
La antimateria recorría de a poco su cuerpo, depuradamente iluminaba el contorno y alisaba los pliegues de su piel a cambio de una ficticia juventud que adoptaba el color de sus venas.
El frío se apoderó de la habitación, me percaté, no sé después de cuanto tiempo del ronroneo en el tocadiscos que no bailaba canción.
Me pareció imposible moverme, estaba conmovida por el instante, no pude emitir sonido, estaba atada a ese silencio, a la mirada de los espectros  que observaban con curiosidad el sudor crispado sobre mis brazos.
Hubo una desesperación infinita, la angustia bloqueo mi garganta, corrí hacia el tocadiscos y lo voltee rápidamente mientras se erizaban los huesos de mi espalda. Sentí como la ráfaga arrancaba por la ventana , corrí a cerrarla pero ya estaba todo en calma, la observé por última vez, su mano colgando a un costado, su piel transparente y ese atardecer en Juan Griego bajo sus pestañas.



Dedicado a Ivonne y a su enfermera Lina a quien ella tanto amo.

jueves, 18 de octubre de 2012

Agua

El interior viscoso y abultado era un lugar perfecto, hasta que los canticos acuáticos cesaron. En la penumbra temí por mi calma, por la seguridad de mi universo blanquecino, rojo, púrpura y lila, la aurora boreal que danza acompasada en un eje de ciega melancolía, se acerca temerosa queriendo acariciarme, dejando por unos segundos con una extraña sensación a contraluz.
Todo va cambiando aquí dentro, todo se agranda y empequeñece, comencé a ver todos los contornos bien formados y fue hermosa su simetría.
Cuando la música llena todo, me dejo flotar alrededor, nado, sueño, siento y percibo desde mi acuario el jubiloso pasar del tiempo que siempre espera.
Cerré mis ojos por lo que parecieron minutos, el némesis decidió expulsarme de mi encierro y todo da vueltas, asfixia, miedo, angustia, no entiendo que pasa, no quiero saberlo, hay monstruos afuera que tocan mis paredes, auroras verdes, azules, grises, un vaho congelador me paraliza. Negro.
Unos momentos de luz, superficie, el viento helado me estremece, gritos, frío, miedo, negro, la ausencia de color enloquece.
Es extraño no estar en ninguna parte, vivir bajo el eclipse de haber confundido el alba con el crepúsculo. Yo sólo no estaba listo para nadar sin agua.

martes, 16 de octubre de 2012

Pesadilla

Una noche soñé que dormía y el despertar eterno de mis pestañas no pudieron ser la miel de mis ojos.

Su figura contrastaba con el vacío, mi iris intentaba abrirse entre las tinieblas. El no se volteó a verme, me ordenó que lo siguiera, me enfrente al vértigo ante las muchas luces de la ciudad, me resistí entre lagrimas a obedecerle. Al abrir mis ojos estaba en un funeral en el que no pude llorar. Me encerró y la claustrofobia me ahorcaba. El desierto enardecía de odio bajo mis pies de tierra erosionada, todo era inerte, el cielo rojo en llamas me quemaba a los ojos de un cabrito en dos patas.
Sobre un lavamanos una mujer sangraba, yo camine sobre su sangre y calle al ver como su vientre se vaciaba. Me mire al espejo y no encontré mi cara, vi su reflejo y era el mío, vi el mío y no era nada.
Vi la soledad que me abrazaba, lo vi a él, tampoco tenía cara.

Corrí sin moverme y caí de pronto en un salto que debió llevarme de vuelta a mi cama y ahí me vi, soñando que dormía.

miércoles, 8 de agosto de 2012

El sueño de Kafka

Me ahogo en un caleidoscopio, consiente, se que estás a mi lado, pero me resbalo y me pierdo en el mejor de los delirios.

Emerge como un huracán de aleteos desesperados en el vientre asustado, contraído por el miedo que provoca la sensación de no controlar al furioso enjambre que se agita en el interior, que se niega a salir, que sube cuando me besas y baja cuando me tocas, se vuelve omnisciente cuando me miras y el enjambre se convierte en colonia, una gran colonia de seres coloridos, alguna ves capullos, alguna ves dormidos, ahora híper kinésicos, una tribu danzante y alegre que enciente fogatas en las noches y se arrastran cuando amanece.

Sobrepoblados, deciden crear otra colonia, huyen por mis labios hasta tu boca, posan sus alas en tu lengua y marchan hasta tu estomago, ordenadas como hormigas, aceleradas, felices, embriagadas de endorfina. Nos vemos infestados de bichitos de colores, la luz de sus fogatas sale por nuestros ojos que iluminan distinto, se miran, temen pestañar por si la luz se acabara y no pudieran verse más.

jueves, 2 de agosto de 2012

Goteras

Corrían trazando profundas grietas que no se borrarían jamás con nada, atiborradas como en una maratón, se odiaban unas a otras, pero también se compadecían, acumuladas de tristeza, algunas corrían tan rápido que chocaban y se convertían en una sola gran grieta de punta gruesa, justo ahí, se decidía su destino, a punto de caer, de ser aplastadas por un manotazo, o ser sepultadas en una pulcra tela blanca en la cual estarían condenadas a secarse las desgraciadas.
Bajo ese mar salino que era ahora mi cara mi boca adolecía una batalla interna, en el fondo del cuadrilátero de cuerdas sonoras, las cuales se culpaban las unas a otras, entre todas al empujarse causaron alboroto y se formo un gran nudo imposibilitándolas de cumplir su misión. Las palabras callaron entonces.
Cayendo aún más en el interior, se respiraba un aire abatido, un lamento se escucho a lo lejos, una luz se apagó y bajo una manta de desconsuelo se encontraba un bulto rojo, carente de gracia en su forma y encadenado a válvulas azules y rojas, por las cuales ahora era incapaz de bombear. Los pulmones hacían bufar el cuerpo que se desvanecía en un suspiro al ver al pobre tan abatido y acongojado.
Las manos, nerviosas, solo se preocupaban de limpiar el temporal que atormentaba el techo y trataban de poner un balde bajo cada gotera.
Las muy torpes acabado el aguacero subían los baldes a la azotea, donde de vez en cuando un leve movimiento los daba vuelta y cuando no tenemos reparadas las goteras escurren de nuevo su lagrimeada carrera.

sábado, 28 de julio de 2012

La hoja del Tiempo


El padre Tiempo ignoraba en cual de sus segundos se había resquebrajado la quejumbrosa hoja, que del castaño amenazaba con lanzarse, dejando desnuda la vista de su ventana. Oscilaba desazonado entre las aristas del clima y de la hora, paseándose por su imperio desierto en el que todo se derretía, inquiría misterioso en su cabeza sin pronunciar palabra.

-       ¿Cómo es posible que no tenga la respuesta?, Yo, Yo que soy amo y señor, amado y temido como gran soberano de la ansiedad y el momento. Que me quedo, que me voy, que corro y gateo, a veces me paro, a veces me siento, lo cierto es que nuca tropiezo. – Cacareaba atropelladamente.


Pero esta vez tropezó el Tiempo, de nada le sirvió su tan amado circulo con manijas a quien observaba sin pestañear, porque adolece quien es repetitivo. Un manchón rojo perturbo su vista, era un pajarillo rezagado que se detuvo sobre una rama a descansar.

-       -¿ A dónde vas pajarillo? – Pregunto el Tiempo petulante.
-       - Vuelo al norte, pues atrás sólo hay hielo en nuestros nidos. – Contesto agitado.
-       - ¿Hielo? ¡Oh!, ¡Maravillosa temporada del agua! – Dijo jubiloso, acostumbrado a vanagloriarse de todo.
-       - ¡Agua!, eso es lo que necesito, sigo mi camino señor, antes de que me atrape en vuelo el Solsticio. – Batió fuerte sus alas y se lanzó.
-       - ¡Vete ya colorinche, seguro que vas retrasado! – Lo miro partir y se detuvo en seco frente a un espejo que no reflejo nada.

Ahí estaba la respuesta, había llegado revoloteando, como suelen llegar. No regalo ni uno de sus minutos a la atención que merecía la Estación, que se aburre de si misma y es de todas la más puntual. Por estar siempre pendiente del tic tac, no escucho el murmullo del Solsticio de invierno que se enarbolaba con los cálidos días.
El Solsticio que estornudaba cuando era sorprendido, resoplo fastuoso una gran ráfaga que bamboleó todo cuanto había, cuando el Tiempo lo pasmó exigiendo explicaciones. En medio del alboroto, a sus espaldas la pequeña hoja era mecida dulcemente como una canoa calcada en el aire, una última vez, por el Viento que sollozaba abrumado y cantaba solemne una triste canción que cantaron todos los árboles del bosque por entremedio de sus ramas. El Tiempo que tanto adoraba su pequeña hoja intento despavorido una sístere, que era propia del Solsticio y de la que poco sabía él, odió amargamente lo rápido que había sucedido todo y por primera vez lloro demasiado tarde.



Dedicado a 
8, mi favorito.-

domingo, 8 de julio de 2012

Subsuelo

Sumida en los súbitos resplandores intermitentes del subsuelo, aturdida por el hedor de seres agitados y afligidos que reptaban a mi alrededor, todo se detuvo, justo bajo la luz.
Vi su rostro lánguido, sus ojos blanquecinos, el entrecejo unido con molestia. Detrás un enorme agujero negro amenazaba con succionarnos, pero nadie se movió, ni yo, ni él. Los seres reptaron a nuestras espaldas, apretujados corrieron hacia la superficie vertical.
Por medio de un espejo sucio con el que él se aseguraba desde su cabina cromada del futuro que el resto de su nave espacial estaba en perfecto estado, inmutable, como le gustaba. Él y yo, impertérritos, nos observamos un eterno segundo, el eterno segundo en el que pude pensar todo esto. Frío y calculador deja caer sus gordos y velludos dedos sobre monedas de colores brillantes todo el día, viaja a velocidades infinitas, ve millones de caras, nadie ve la suya. Excepto yo, que me detuve entre el borde vertiginoso del precipicio cableado y el profundo agujero que conecta el submundo proletariado, para hacerle una seña que lo dirigiese a mi rostro, fruncí mi entrecejo y lo toque varias veces con un dedo, mientras reía.
No pude negar mi naturaleza, tuve que robar una ves más. Las canicas se asomaron tras la comisura de sus labios y las tomé en un pestañeo. Una voz femenina perturbo nuestros oídos, una luz roja se encendió sobre mi, un hombrecito azul me empujo detrás de una línea amarilla dibujada en el piso y cuando busque de nuevo su mirada me dejo cegada bajo el haz de luz que dejo su partida.

miércoles, 18 de abril de 2012

La noche

Cuando llega la noche, dicen, aparecen todos nuestros demonios. Tenía miedo que anocheciera, pero por suerte, no estuve sola.

Así la vi, parada en la escalera, me quede quieta en el marco de mi puerta, una hora, dos, tres, el tiempo hacia lo que quería en mi esos días. La observe largo rato, me sonrío, no mencionó siquiera el tema “te vine a acompañar” me dijo, yo la abrace, pero siempre nos abrazábamos largo rato, parecía todo normal, un día normal.

Hablamos poco, puso una película, quizás comimos algo, quizás nos miramos un rato, nos acostamos en mi cama con los pies en la almohada mirando la tele, riéndonos a ratos. Me quede dormida.

En medio de la noche, cuando la película había empezado de nuevo por tercera ves, sentí una mano cálida sobre la mía, él cantaba una canción de cuna, una canción de juegos, de niños, de papá. Él lloraba despacio, yo también.

Se quedo unos minutos, me hizo cariño en el pelo, intente no tragarme las lagrimas, intente no lanzarme en sus brazos a bramar la angustia enorme que sentía dentro, el vacío enorme, el hoyo negro que pensé algún día se cerraría, se llenaría, no sé, algo, pero no, sigue ahí, pero ya no grita, gime tenuemente, como un perro bajo la lluvia, con miedo, con frío, solo, tremendamente solo.

Caí en ese enorme abismo, di saltos, la pesadilla me consumió de nuevo.

Con la vista borrosa, cegada por el sol, la vi sentada en el borde de mi cama “me tengo que ir”, la abrace fuerte y sonreí.

Años después, casi cuatro, en su cumpleaños me dijo que tenía miedo de que esa noche me suicidara, por eso fue, aunque tenía que viajar al día siguiente, yo ni siquiera lo había pensado, no pensé en nada, no supe de mi por mucho tiempo.

Fue la primera ves que la dejaron quedarse en mi casa, nunca la habían dejado, porque yo tenía un hermano mayor.

La vida pasa así, tan de lejos, en el reflejo de los ojos de otra persona.

domingo, 29 de enero de 2012

L'amore di un gatto

La Luna brillaba sobre el lomo de un gato acurrucado junto a una de las miles de delgadas chimeneas que coronan los tejados de Italia. Negro de vientre albo y ojos perezosos color miel, acudía a ella todas las noches desde que aprendió a escalar y la Luna dichosa lo acariciaba con su luz hasta que él se dormía en sus brazos, pero esa noche el gatito suspiraba por otro amor, con los ojos perdidos y batiendo sólo la punta de su cola, pensaba en la pajarita que venía todos los días a visitar el árbol junto a la ventana de su amo, ella de pequeños ojos café oscuro y suaves alas, llenaba de música el lugar con sus cantos e interrumpía las largas siestas del gato, quien sin que ella se diera cuenta la observaba por el rabillo del ojo todas las tardes, ella parecía muy atareada acomodando pequeñas ramitas en una de las esquinas entre los brazos del árbol, y el gato decidió llevarle tímidamente hojas secas y ramas todos los días hasta que gano su confianza, ella le sonreía con sus ojitos y se dejaba acompañar en las tardes mientras él se agazapaba bajo el árbol juguetón, se ponía de espaldas en el pasto y con una pata hacía como que la acariciaba de lejos.

Él despertaba tarde y ella madrugaba , él esperaba con ansias la Luna y ella se bañaba con los rayos del Sol cada mañana, ella tenía plumas y él un despeinado pelaje, a ella le gustaba la forma de su hocico y sus orejas puntiagudas, a él le gustaba su graciosa forma de andar en la tierra y su forma de volar tan lejos de todo y te todos. Él quería cuidar todas las noches su sueño y ella quería acurrucarlo con su canto cada mañana.

La Luna furiosamente celosa hipnotizo con su inmensidad, que no deja claro cuando está lejos y cuando cerca, al despistado gato que embobado siguió caminando por los tejados hasta llegar a Roma, se acabo la dulce hipnosis y el caluroso Sol apareció entre los monumentos, el gato desorientado se vio completamente perdido en medio de la Via Giovanni Giolitti, caminó por el empedrado a penas dos cuadras cuando un enjambre de motos pasaron repentinamente como un huracán, dejándolo asustado bajo un puesto de frutas donde un viejecito de sombrero y abrigo negro elegía unas naranjas y se agacho para mirarlo, el gato entendió que si hubiese portado el collar que muchas veces intentaron ponerle y del que se zafó hábilmente con sus patas, ahora tendría una posibilidad de volver a casa. El viejecito le extendió una mano y el gato temeroso se acerco cojeando, él lo tomo con cuidado y caminó con él hasta el hotel Augustea en la Via Nazionale, donde se hospedaba. El viejecito curo su pata con cuidado y se despertó en la noche cuando el gato trepo a su espalda, se hizo un ovillo y ronroneo hasta dormirse, pero no lo quito ni se movió, sonrío suavemente y se durmió. Débil, paso unos días con el viejecito a quien le gustaba acariciarlo con cuidado de la cabeza hasta su cola. Un día despertó en el caos de una mucama espantándolo con una escoba, engrifado por el miedo salió hecho un rayo por la ventana y a los varios metros se dio cuenta que se encontraba nuevamente solo y perdido.

Caminó por los tejados mirando con curiosidad la locura que era el mundo bajo sus patas, no entendía a los humanos siempre apurados, en una ciudad tan hermosa que finalmente era para turistas bella y para los citadinos un trámite. Pensando que él también vivía bajo las alas de su pajarita y debía ser un ser extraño, pero aún así disfrutaba de su compañía y aun que fueran muy distintos no quería perderla, pero en este caso, era él el perdido. ¿Estará pensando en mi?, ¿Me esperará o buscará otro árbol?. El gato triste y distraído no dio cuenta del caminar y ya atardecía. ¡La Luna!, ¡Si me encuentro de nuevo con ella, me perderé aún más y nunca me dejará regresar!, corriendo ágil por las calles busco un lugar donde esconderse y de pronto se hallo en un callejón lleno de cabezones gatos romanos, retrocedió con las orejas hacia atrás atento a los movimientos de ellos, que se le acercaban engrifados, medio de lado para parecer mas grandes, el mas corpulento se le lanzó encima, el gatito cerró fuerte sus ojos puesto que era un gato de casa y no sabía defenderse, esperó lo peor.

- ¡Buon pomeriggio, mio caro amico!, ¿Te acuerdas de mi?.

Abrió sus ojos de golpe y casi habiendo mojado su pelaje del miedo, lo observó, era el vistoso novio de la más bella de sus quince hermanas (de varias camadas distintas, que se encargaron de repartir sus padres) quien viéndole cara de perdido lo invitó al Rome Pub Crawl de Via del Corso, donde los humanos borrachos botaban el mejor prosciutto al piso y ellos se daban un festín entre sus piernas, que se acariciaban de ves en cuando por debajo de las mesas.

De amanecida contento por haber escapado de la Luna, se balanceaba por una orilla del río Tevere, mientras los otros gatos alegres cantaban “Tutti quanti voglion fare jazz” entre hipos sobre el Ponte Sant’ Angelo. Ebrio de amor les contó sobre su pajarita y ellos se burlaron diciéndole que no se jugaba con la comida y que debería buscarse una de su especie.

- ¿Qué tiene de malo que no sea de mi especie si yo la amo tanto y nunca le haré daño?

- Es que así son las cosas, los gatos con los gatos y los pájaros –¡HIP!- con los pájjjaros…

- ¿Y quien dijo que debía ser así?

- No lo sé, pero alguien lo dijo y debe estar escrito en algún lado. - Sentenció Cesar, antes de caer rendido bajo el puente.

Abatido, siguió el resto de su camino con indicaciones de los gatos romanos y preguntando a quien fuera si alguien sabía quien había dicho que no podía haber amor entre especies distintas, todos lo decían, pero nadie tenía una respuesta concreta, unos hablaban de un libro escrito por humanos donde algo decía, otros sobre un hombre que vivía lejos sobre las nubes que decía que así debía ser y lo contrario estaba mal. ¿Mal?, ¿Puede de alguna forma el amor ser malo?, el gatito poco sabía de amor, pero sabía que la felicidad de ella era la única que le importaba y quería pasar con ella sus nueve vidas, sentir sus alitas revoloteando su corazón era lo mejor que le había pasado desde que su vieja bola de lana, apareció luego de años bajo un ropero dispuesta a seguir rodando.

Después de varios trasbordos de polizón llego a Rieti, un pueblo a las afueras de Roma, divisó a su amo desde el tejado, en el mismo sillón de siempre junto a la ventana, pero ésta vez con la ventana abierta, para recibirlo por si volvía. Sin embargo él corrió a su árbol encontrando en el nido extraños óvalos grisáceos y ni rastros de la pajarita. Bajó afirmándose con sus garras por el tronco, camino a paso lento hacia la ventana donde su amo lo acaricio, lo recostó en su regazo y le dijo: ¿Te enamoraste que andabas tan perdido?.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Niño Soldado

Ni siquiera me dejó un mensaje dentro de tanta botella vacía esparcida por el piso el maricón, así son todos los hombres, y más cuando son milicos, tanta medalla que se ponen los huevones, ¿Qué guerra han ganado? ¿Medallas de qué? De tanta represión será, de tanto lumaso, de tanto abuso de poder.

Yo pongo a la Janis Joplin, a Lou Reed y me fumo un pito y se enoja el huevón, como si el no se cayera de borracho cada vez que puede, es lo mismo, es más sano incluso, pero que va a saber él, si ningún milico es sano, son todos una manga de enfermos que como yo nacieron en el espacio y tiempo equivocados, ellos debieron nacer en una Alemania Nazi, que saciara su mente enfermiza. Y yo, yo debí nacer donde sea, por que soy del viento, donde sea, pero en los ’60, andaría con mi pelo suelto ondulado, nunca se me hubiese oscurecido, me hubiese comprado la típica Volkswagen con el signo paz, la hubiésemos pintado de muchos colores con mis amigos, le hubiese dicho a mi papá que me iba a la universidad que me pasara plata y que me mandara todos los meses y me hubiese ido hasta donde se terminase la carretera, de pueblo en pueblo tocando guitarra y escuchando historias de la gente humilde, de la que mas he aprendido, los cuicos se llenan la boca con sus palabras rebuscadas y en una hora no te dicen nada, un pobre te cuenta su vida tan solo con la primera mirada.

Me creo hippie, compro hamburguesas de soja en la calle, a los hare krishna que aparecen de repente, pero les pongo mayo gringa, por que todo es gringo ahora, The Chilean Way perro.

Nos conocemos desde pendejos, es el primero y el único, cuando iba a pensar que se iba a transformar en esto, tanto miedo que tenía el pobre de terminar como su padre, y mírenlo, tanto pataleo para no hacer el servicio y ahora le encanta, se siente superior, es otro, le entregaron un arma y se le lleno de plomo el cerebro.

Cuando veo su figura entrelazada a la mía a contraluz en la mañana, esas horas en las que somos uno solo, en una danza violenta y mansa, me suelta el pelo y me mira tanto rato, en esos momentos, todavía puedo ver un poco de ese niño que llegaba a mi casa llorando de rabia, porque el papá le pegaba a la mamá y el no podía hacer nada, le tenía tanto odio al viejo y ahora lo mira con orgullo, hacen el saludo militar con la mano tiesa, como bala dirigiéndose a la gorra y luego hacen sonar sus palmas en la espalda del otro, que machos, que fuertes, que imbéciles mas ridículos, un espectáculo patético su fiesta de lo absurdo.

Mis viejos no son el gran ejemplo pero todavía bailan hundidos en su universo paralelo, donde solo existen los dos y se regalan flores y canciones. Su mamá les pone la mesa y les sirve a ellos primero, después come ella. Que muestra de hombría más grande, que derroche de caballerosidad a la mujer que se supone aman más en el mundo.

Debí quedarme con el pelucón cubano, el de la casa de huéspedes de la Toña, dice mi vieja, cuando le cuento mis penas y me delata la calidez de mis lágrimas al caer en su falda. La Toña, esa señora que siempre anda con el hocico morado de tanto rajárselo con tinto, la boca florecida de tanto amar, me dice cuando le acompaño un navegado y metemos cháchara mientras el cubano nos armoniza predicando al Silvio, a Manu Chao y a la Janis, por que sabe que me gusta, me dedica canciones y yo me río. ¿Qué haces con ese pelado?, Pinga! Que ese huevón no es para ti, ¿Y quien es para mi cubano?, ¿tú?, tu me vas a dejar votada cualquier día y te vas a la Isla y les vas a contar a tus amigos de mi, cantando “Santiago de Chile”, dónde vas a decir que amaste a una mujer terrible, se queda callado, pero sonríe, siempre sonríe. ¿Cuándo dejo de sonreírme el Pela? Se enoja cuando le digo Pela, Pelado, Pelón, si hasta su hermoso pelo rizado asesinaron, es lo único que saben hacer, matar todo lo bello, pintarlo todo de gris.

Me voy contoneando a la casa, rozando las panderetas, a penas puedo subir al altillo, donde tengo mi pedacito de mundo para estar conmigo.

Ojalá me acordara como empezó la pelea al menos, estaba tan cura. Ahí echado en mi sofá-cama, hinchado de rabia y curao hasta el fúsil.

¡¿Por qué te quejas tanto mierda?!, ¿Has logrado algo colgándote del guanaco?, Tú y tus amigos raros picaos a hippies, ellos los del MIR, ellos a los que los investiga la CNI, ¡¡¡si ni habías nacido cuando fue la dictadura!!!. ¿Y tú, huevón y tu?, Te quejai pa callao, me gritai y me gritai, al final eri más resentido que yo y todos los comunistas juntos, por que nosotros nos expresamos, a ti te manda un asesino, eri más maricón que mis amigos homosexuales, te encanta comer criadilla de paco.

Todos me dijeron que algún día me iba a pegar, que iba a llegar con sus bototos a que le sirviera a criticar todo lo que soy, lo que siento y lo que pienso, a mirar con asco las paredes de mi pieza empapeladas con posters de tocatas, dibujos psicodélicos que han hecho todos los que han sido importantes en mi vida, todos menos él.

Ha sido un mes largo desde que desperté entre el caos, en todos los moretones que me dejo escribí un “te amo”, él ya no puede escribir, por eso no me dejo un mensaje dentro de una botella, se disparo en las manos, yo le beso las vendas, e intenta quitarlas, pero las tomo con más firmeza. Mira pelado, te están empezando a crecer los rizos.

lunes, 25 de julio de 2011

Estoy?

Desde aquí puedo ver los aviones despegar con su estruendo que estremece la calma del lugar, por las noches no hay nadie y a veces siento miedo, pero no estoy solo hay muchos a mi alrededor. En los días soleados el pasto se ve más verde y los que vienen a verme se quedan más tiempo, a veces lloran, a veces ríen, muchas otras me cuentan sus vidas, riegan mis plantas o me traen regalos que luego se los lleva el viento y la lluvia.

De entre todos hay una cara que se me hace muy familiar, sus cabellos rubios y sus ojos pardos, usa largas faldas y botas, trae palas, tiestos, una manta y agua. Le gusta cambiar la decoración, ponerse bajo la sombra de mi árbol oír a los pajaritos que en el reposan y llora, siempre llora, acaricia la parte donde sale un nombre, creo que el que yo tuve alguna vez, fechas que no recuerdo y una inscripción que no sé que significa. Pronuncia varias veces “te amo”, llora amargamente y yo la abrazo fuerte pero al parecer no me ve y no me siente. No sé quien es, no se que quiere, solo se que siento que la amo también y aunque no puedo llorar, cuando la veo venir sola siento algo en el pecho, algo que no entiendo.

La veo venir a paso lento, le pesa el corazón, le pesa el cuerpo, le pesan las culpas y le pesa el llanto. Beso sus cabellos, los huelo y por segundos logro ver a un niño moreno de pelo negro sonriendo junto a ella, me aferro a esos momentos pero son lánguidos y trémulos. A veces siento miedo, pero paseo por el lugar y veo a muchos otros observando a quienes van a verlos y hay algunos que estuvieron aquí hace mucho tiempo pero ya se fueron.

Nos apena cuando vienen multitudes vestidas de negro porque sabemos que tendremos que explicar a un desorientado como son las cosas de este lado.

A veces vienen en grupos, leen de un libro algunos párrafos y luego se reúnen en un circulo todos con los ojos cerrados, alguno de ellos a menudo sigue hablando y los demás asienten. Se abrazan, se aprietan, sus lagrimas forman un arcoíris al llegar al suelo todas juntas. Yo no entiendo pero me alegro al verlos, siempre son los mismos, noto algo en el más anciano, vendrá aquí pronto, está cansado.

La más joven a veces viene sola, está junto a mi por horas, me deja figuras hechas con goma Eva, pero cuando viene con ellos aprieta los dientes e intenta no mirar hacia donde esta el nombre, tiene rabia, no sé que le habré hecho pero creo que no fui bueno. Ella juega con los gatitos que tiene la señora que vende flores, muchas veces me comentó que a mi me gustaban y que esos eran muy lindos y pretendía robarlos.

A veces logro seguirla y ver donde vive, no reconozco nada allí, sólo el árbol que hay frente a su casa, pero supongo que todos los arboles deben ser parecidos. Me recuesto con ella en su cama y la abrazo cuando llora y tiene pesadillas. Se parece a una niña que recuerdo, pero es imposible porque es casi una mujer.

Un día la señora de cabellos rubios vino a despedirse, nunca me sentí más aliviado quizás si no viene mas a verme no llorará tanto.

Ese día me recosté en el pasto a mirar las nubes y nunca el cielo estuvo más cerca.

E.M.M.V. 11.06.90 – 17.12.07

viernes, 8 de julio de 2011

On The Dance Floor

Llegamos casi corriendo, media hora antes del cierre y había una fila infernal, desorientado y los tres con los ojos chatos, mire hacia todos lados buscando un indicio de que era la fila correcta, por un momento sólo logré ver caras para nada particulares, gente aparentemente normal, observe mientras avanzamos en la fila, Cristian se iba colando cada vez más cerca, nos saltamos unos buenos metros y quedamos junto a unos pendejos, no más de 17 años y ahí supe que estábamos en la fila correcta. Se saludaban de beso, tenían las cejas depiladas, parecían flaytes pero eran… otra especie.

Sin pensarlo le comente a Diego que cómo los dejaban entrar, eran muy chicos y estaban tomando en la fila, y me recordó que nosotros teníamos la misma edad cuando empezamos con este tipo de fiestecillas, incluso yo tenía menos, 15 años, pero claro como muchas otras cosas yo prefería olvidar esos detalles.

Entramos y fuimos atacados por un sinfín de luces destellantes en todas las direcciones. Cristian, fue a comprar copete y nosotros nos quedamos bailando, música pop que reza canciones de despecho, desamor, infidelidad, promiscuidad, y ese afán desesperado por intentar gritarle al mundo que “i don’t care” cuando en realidad a todos nos importa y por eso lo gritamos.

En el escenario se subía un grupo de “locas” para que todo el mundo supiera que podían bailar exageradamente y patéticamente imitando movimientos de mujer, y mujeres que no pueden bailar como mujeres. Ubicaban a alguien dentro de la masa y lo apuntaban y miraban fijamente, le dedicaban cada uno de sus movimientos y después si tenían suerte podrían tener una noche algo más interesante, ser el triunfador que no se va solo, ser el que tiene una mano aferrada a la suya, aun que quizás nunca más se vuelvan a entrelazar.

Una semana intensa era reducida a unos malos ratos cuando estaban ahí, con amigos, alcohol y pedazos de cielo que hicieran olvidar que la noche termina en algún momento, que mañana es otro día y que probablemente duela la cabeza pero despertarás con una sonrisa intentando recordar cada detalle, que no se pierda nada que pueda salvarlos de la semana que viene, aparentando ser lo que no son, y los más audaces sobre informando lo que son, orgullosos y con rabia por un mundo que no los entiende, pateando las calles que son grises cuando deberían ser like a rainbow.

Un verdadero espectáculo, el mejor intento de inglés que se pueda escuchar en algún lugar de Chile, algunas dobles de actuales exponentes del pop que enloquecen al público hacen su perfomance y de pronto la pista se vuelve una especie de video de Lady Gaga en que todos bailan la misma coreografía o lo intentan, gritos, dedos acusadores apuntando hacia el cielo, por que ahí no está quien les dijo “i look in the mirror and i saw your face!”, y se vuelve una realidad que todos estamos como la canción de Kesha, “dacing with tears in my eyes”.

Cada uno tiene su método para descargarse, para darse un motivo ya que cuando los buscamos pocas veces encontramos. Había olvidado lo bueno que era dejar las lagrimas a modo de pasos on the dance floor.

jueves, 6 de enero de 2011

Tras su ventana

Esperaba por él todas las tardes, se asomaba en la ventana, escondida detrás de la cortina escudriñaba cuidadosamente hasta poder colar un ojo, para ver si él llegaba, y cuando aparecía con su altura imponente, botando su pelota y su sonrisa de niño, esa sonrisa que ella amaba, que marcaba dos margaritas en sus mejillas, todo el día se reducía a los segundos en los que él dejaba su mochila y corría a buscarla.

Jugaban, se escondían, reían, corrían y caían... Fueron su primer sonrojo, su primer rose, su primer latido, su primer grito ahogado, su primer palabra de hombre, su primer mirada de mujer, fueron juntos, su primera vez.

Las manos, el contraluz, la noche, las miradas, los destellos, las caricias, los brazos, el cariño, el consuelo, la brisa, las piernas, los miedos, los besos, los nervios, las caderas, el miedo.

La vida era una eterna canción con compases para niños cuando estaban juntos...

En la playa, ella lo miraba recostada sobre la arena, la brisa acariciaba su pelo castaño claro, entrecerraba sus ojos avellana para mirarlo mejor, siempre se iba tan lejos, siempre tan grande, aparentemente indestructible, pero frágil, tremendamente frágil.

De pronto, los gritos, el estruendo, se le encogió el corazón, alguien la tomaba fuertemente por la espalda, y por alguna razón inentendible ella sintió que era él quien la sostenía. El mundo entero se venía abajo, su mundo entero se reducía a una gran ola que paso y se llevo lo que ella más amaba, esa ola que borro por completo las huellas que él dejo sobre la arena.

Los gritos, los abrazos, el miedo, la rabia, el frío, la oscuridad, el silencio, la brisa, la locura, el cansancio, el llanto, el llanto, el llanto…

Lo vio a lo lejos, sonriendo como siempre, corrió hacia él, tomo su cara entre sus manos –Llévame muy lejos le dijo – y sin notarlo tenía sus ojos cerrados, todo su cuerpo sonreía en ese momento, sintió brotar alas de su espalda y simplemente se dejo caer.

No le importo el ayer, no le importo el hoy y mucho menos el mañana. Grito, grito con fuerza para que pudiesen oírla en el ensordecedor silencio a mil millones de kilómetros, aunque nadie supiese nunca quien gritaba, aunque nadie supiese nunca que gritaba de alegría, aunque nadie supiese nunca, nada.

Lleno sus ojos de paisajes y encontró la luz de un faro a lo lejos, pero ya no necesitaba tierra bajo sus pies, ya no necesitaba esa luz que le indicara el camino de vuelta a casa, después de todo, ya no tenía a quien esperar escondida tras su ventana.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

El Fauno de la puerta

Los ojos le pesaban enormemente, sentada en la cuneta después de horas de risas se despidió y caminó a paso firme hacia su casa, sin mirar nada a su alredor, ignorando los gritos que al alejarse se hacían tenues en la soledad de la noche, abrazada a sí misma para protegerse del frío, doblo en la esquina de una calle que parece sin salida, y lo vio, en su puerta la silueta de algo que sabía no existía, se acerco de todas formas no dando crédito a sus ojos, un Fauno de apariencia imponente, pero apacible poso sus ojos sobre los de ella, la miro fijo, y como por telepatía le hablo

- He estado frente a ti cada noche, cuido tu morada incansablemente hasta que me baña el Sol cada mañana y jamás te habías detenido un momento para mirarme.

Atónita, no supo que decir, no sabia si pensar para que él leyera sus pensamientos o hablarle, aunque él le había hablado sin mover siquiera sus labios.

El Fauno la miro fijamente, una mirada que aterrorizaba, pero por algún motivo ella no tubo miedo, quería hacerle miles de preguntas, pero callo.

- Ven conmigo y verás – Le dijo el Fauno leyendo sus pensamientos.

Ella lo siguió hacia un árbol en donde recordó hace años en su niñez había enterrado a su canario y recordó como había llorado por él.

El Fauno raspo con su pesuña la tierra sobre aquel lugar, y ella reaccionó impulsivamente, se arrodillo en la tierra y comenzó a cavar con sus manos, sabía que era imposible que hubiera siquiera un indicio de aquel cuerpecillo, pero siguió, y de pronto con un estruendo del agujero salió agitando sus alas desesperado su amado canario, sus pequeños ojos negros intentaban percibir todo a la vez y revoloteaba dando vueltas sobre ella, ella cayo hacia atrás de la impresión y el Fauno soplo en dirección al canario envolviéndolo en una ráfaga que lo hizo volar muy lejos. Era imposible, pero ella lo había visto con sus propios ojos.

El Fauno la miro un tanto distraído y saco de su morral café gastado una bolsita de piel de cabra y se la ofreció, en su interior habían una especie de hiervas secas, él le dijo que las comiera y ella obedeció, no sabía como el había adivinado el vació en su estómago, pero creyó que el factor sorpresa ya no existiría más para ella.

Se sintió distraída pero perceptiva a la vez, subió hasta la sima del árbol y observo hacia los cerros las miles de casas y se pregunto cuantas miles de familias estaban durmiendo placenteramente en aquel momento, pensó en toda la gente que conocía y en la que a pesar de vivir a metros, nunca iba a conocer, se lamento al pensar en todos los que sufrían, en todos los que hacían sufrir, en los que estaban solos aquella noche y en todos en los que a pesar de estar rodeados de gente se sentían solos, de pronto perdió el equilibrio y cayó, sintió una ola de calor ardiendo en su mano, sangraba.

El Fauno que había estado observándola todo ese tiempo, se acerco a paso lento, se recostó a su lado y lamió su mano hasta que de la herida quedaba apenas rastro.

- ¿Cuántas caídas habrías evitado si decidieras dejar de preocuparte en lo que te rodea y no tiene importancia?, ¿Cuántas heridas menos tendrías si te preocuparas por lo que tienes frente a tus ojos y no ves?

El Fauno de pronto se incorporó mirando al cielo y galopo hacia la puerta, donde ella lo había encontrado, la miro fijo, esta vez con ojos de pena, ella pestaño varias veces y se seco la nariz que tenía húmeda pero sentía seca, estaba parada a 10 metros de la puerta de su casa, miro fijamente la sombra que reposaba sobre la puerta, se fue acercando más y más, los primeros rayos de Sol hacían desvanecer su silueta, sintió pena al comprobar lo que le gritaban sus ojos, el Fauno no era más que una silueta sobre su puerta que se desvanecía cada amanecer.


martes, 31 de agosto de 2010

Desapercibida

Un gato sobre el tejado, un ciego guiado por su perro, una pareja llegando al punto de lo empalagoso en un café, el organillero con sus colores que lo envolvían, los niños jugando y revoloteando alrededor, un viejito rodeado por palomas intentando posarse en su mano desesperadas por un poco de miga en medio de la plaza de armas, aquella escena desapercibida para el resto, era un paisaje fascinante para ella, mira el reloj mientras bota la ceniza de su cigarro al suelo, mira alrededor como buscando a alguien, pero lo cierto es que no espera a nadie, aun que quisiera tener a alguien a quien esperar.

Se para, le sube a sus audifonos, y se dispone a caminar, compra palomitas en la esquina donde siempre ha estado el mismo señor, se pregunto que iba a hacer cuando aquel viejito muriera y no hubiese nadie en esa esquina, pensó que la gente tan acostumbrada al alrededor cotidiano demoraría en notarlo pero lo notaría, se pregunto si alguna vez alguien se daría cuenta de su ausencia, si alguien iba a extrañarla…

Siguió su camino mirando detalles a su alrededor, le gustaba ver cosas que la gente pasa por alto a pesar de verlas mil veces, le encantaba su ciudad, ni chica ni grande, el tamaño perfecto, ni molesto ni insignificante, le encantaba ver todas sus múltiples iglesias por todo el centro, la tienda de antigüedades de la que le gustaría comprar todo, e iba siempre a mirar, pero nunca se decidía a comprar nada.

Un día decidió que aquella ciudad ya no era para ella, que ahora la sentía vacía, tomo un bus y jamás regreso.

Como siempre se pregunto nadie extraño su presencia, nada cambio el paisaje, la rutina ni la vida de las personas que solía ver y sonreír sin conocer todos los días… Pero ya no le importaba, ahora era ella quien no notaba el mundo a su alrededor, dejo su burbuja de objetos conocidos, por un mundo de cosas por conocer. Nadie noto su ausencia, nadie vio la banca vacía, nadie supo que eran parte importante de un cuadro en la blanca pared de su vida.


viernes, 13 de agosto de 2010

Erróneo Despertar

Despertó por la tarde, una noche horrible llena de errores venía de pronto como una explosión a su cabeza, siempre lo mismo, un trago tras otro, escapadas al baño, confesiones, remordimientos, calenturas, ganas de volar, errores, errores, errores… Como siempre se decía “hay cosas que hay que vivirlas” que aburrida sería una vida perfecta… Pero como vendría de bien un poco de perfección ahora.

Sentada en la cama pensando en tomar una pastilla para el dolor de cabeza, abrir la ventana y dejar salir la pestilencia, el hedor a fracaso, a inmadurez, y obviamente a alcohol, cigarro y sudor.

Y como siempre, llega el súbito pensamiento que nunca se quiere que llegue, el de decepcionar, por que decepcionar siempre duele mas que ser decepcionado, cuando la decepcionaban pensaba “En fin… ¿Qué se puede esperar de las personas?, ¿Qué hago yo, esperando algo de alguien?” Somos humanos, todos erramos, pero uno no sabe como se toman la decepción las otras personas, por eso preferimos poner bajas las expectativas en cuanto a nosotros, por que nunca queremos decepcionar a quien queremos… ¿Qué pasa cuando ese alguien a quien tememos decepcionar ya no esta?... La decepción la llevamos a un puto remordimiento que no nos podemos sacar de encima, a un dolor latente, a una resaca eterna.

El olor a cigarro impregnado en su pelo se le hace insoportable, se levanta y se mete en la ducha mientras suena “Antes de que cuente diez”, un poco de animo al subconsciente. El agua cayendo sobre su cara intentando llevarse todo los errores de la noche anterior, eso hubiese sido lo ideal, que se los llevara, se fuesen por la cañería que los llevara a quien sabe donde, que no volviesen mas, esa hoja que rasgamos del diario de vida y partimos en pedacitos por la paranoia de que alguien se fuese a meter en el basurero y la leyera, el solo hecho de que alguien mas pudiese saber esa noche con detalles la sumía en la mas horrenda desgracia.

Siguió su día normal, quito todo rastro de la juerga pasada, seguía pensando en que había traspasado un limite del que no se podía retroceder, un simple beso podía cambiar todo y ahora se arrepentía de haber comprado ron, como si eso hubiese cambiado algo…

"Habrá que olvidar una vez mas" decidió, una llamada y sus amigos venían de vuelta, comida, baile y luego como siempre tragos y mas tragos, litros y litros de olvido. Entre las luces y la música reventando sus oídos apareció él, la tomo por el brazo se fueron a la habitación unas líneas sobre el velador y los besos que ya nunca quisieron cesar, más excesos, mordidas, lujurias, más alcohol, quería olvidar, tener una excusa para hacer lo que estaba haciendo, para perder la cabeza como la estaba perdiendo, dejarlo todo antes de que saliese el Sol, la hora más oscura esta justo antes del amanecer.

Sintió el "climax" en ese momento, tan sólo unos segundos de placer entre las drogas y el sexo, se desvivía por esos segundos, esos malditos segundos en los que tocaba el cielo. No le importaba nada mas que eso, vivir el máximo climax que podía ofrecerle la vida, no pensar en nada, no sentir el dolor en su pecho, no sentir las lágrimas resbalando por sus mejillas, no sentir su sabor salado en la lengua, no saber el donde, cuando y por que de nada.

A la mañana siguiente no despertó, la autopsia estuvo rebalsada de sangre negra, intoxicada de olvido como diría ella, el tipo que estuvo con ella esa noche se suicido al día siguiente, era su cuñado, alguien que siempre la había amado sólo a ella y quien le había ocasionado la muerte, la había metido en las drogas, se habían hecho adictos el uno al otro y claro, a los polvos de todo tipo.

En el fondo del abismo olvidó lo único que no tenía que olvidar, gritar y pedir ayuda atrapada en su soledad, olvidó no cometer el último error, el de no despertar.

viernes, 16 de julio de 2010

En monocromo

Veo los balcones al pasar, las gotas de lluvia cayéndome en la cara las calles sucias, atestadas de gente que no me ve al pasar, si quisieran tocarme no podrían hacerlo, por que no estoy ahí, nunca lo estuve...

En cada latido, siento tus pasos caminado en sentido contrario, hundiéndote en un abismo, el abismo de los sueños que no fueron.

Sólo veo sombras, sólo veo en blanco y negro, pestañeo varias veces para volver al color, pero sólo veo colores cuando miro dentro de tus ojos… redondos, brillantes y que sonríen… quisiera que mis ojos sonrieran como los tuyos…

Camino por la desteñida calle dejando trozos de lo que fuimos al avanzar, es como ir borrando lo que dibujamos en las paredes al pasar, duele más mirar hacia atrás cuando ya no estás.

Guarda mis abrazos y mis "te quiero" yo solté tus recuerdos, solté tu mano, para que pudieses correr sin mirar atrás, como siempre quisiste.

Soplé cada uno de tus besos para que se los llevase el viento y no guardarlos en mi corazón como un mal recuerdo... Un Monocromo constante, un fracaso eterno.


viernes, 25 de junio de 2010

Sintiendo, sólo... sintiendo.

Ese día iba con la mala intención, era su última despedida, con su mejor amigo, eternamente una "mala influencia" decían los demás, conversaron harto, porque no se veían muy seguido. Fueron a buscar a otro amigo, caminaron y pasaron por debajo de la reja a un terreno baldío, el de siempre, al que habían ido por 3 años; ahí pasado un buen rato de algunos litros, risas y escurridizas escapadas atrás de los matorrales, medios prendidos partieron a la casa de una amiga, no estaba, pero en la caminata se les despertó el "bichito".
Un llamado y a las 2 a.m. tenían la mano, lo que viniera, lo tomaron.
El tiempo en ese momento ya no tenía dirección, orden ni sentido, cerro los ojos largamente, el césped humedeció toda su espalda apoyó su cabeza junto a la de su amigo, miró hacia el cielo, se veían millones de estrellas, a ratos perdían su brillo, a ratos el cielo se hacía mil veces mas profundo y ella se hundía en el, queriendo irse, perderse en su inmensidad, desintegrarse poco a poco.
Le vino la pena... al día siguiente estaría a millones de kilómetros de ahí, un viaje que para ella no tenía vuelta, pero un viaje que necesitaba hacer, iba a extrañar todo, hasta el frío que sintió esa noche.
Entre borrones vio sus ojos, la cabeza apoyada en su hombro mientras le caían las lágrimas, pensó, -pude haber hecho más por eso -... eso que sentían, pero no lo hizo, quizás si no hubiese sido tan fugaz ese momento recostada mirando al cielo, lo hubiese considerado mejor, pero no.
Rió, su amigo igual reía y en una banca estaba el otro, tomando de una caja de vino, imperturbable. Se sentían millones de cosas a la vez, olía el pasto, escuchaba risas que venían de muy lejos, en su mente aún veía sus ojos, empañados, esos ojos que siempre quiso sólo fueran de ella... Arrancó un puñado de pasto y lo lanzo al viento... ahí donde ella quería estar.